Las cultivamos con Inteligencia. Según la variedad de uva, el suelo de la viña, y las perspectivas del clima de cada año.
Todos los criterios que se exponen a continuación son frutos de la experiencia, la observación, y de la reflexión continua. Cada año la naturaleza nos enseña cosas nuevas, que son importantes en el difícil camino de la producción de las mejores uvas.
Como es lógico la variabilidad es enorme. No existen recetas. Debemos de responsabilizarnos a decidir con los datos que tenemos delante, con la experiencia acumulada, y con la conciencia de que al no tener una bola de cristal sobre las futuras incidencias climatológicas, debemos tener la humildad suficiente, para aceptar los errores ya que todo no lo haremos correctamente. Pero con la voluntad suficiente para poder reaccionar de la mejor forma ante los imprevistos.
Cada viña es un mundo. Es necesario hacer un seguimiento de los parámetros más importantes para que tengamos una reflexión sobre lo que podemos esperar de ella, lo que nos da, y lo que debemos de hacer nosotros para que mejore su potencial. Es preciso tener una memoria anual para ver la evolución de los parámetros más importantes.
Respeto a la Naturaleza. Con una intervención atenta y conservacionista, puesto que sabemos muy bien que la naturaleza es una máquina perfecta, si la intervención del hombre es respetuosa con su equilibrio, si es limitada a lo que necesitamos, ya nos proveerá y de forma continuada de los frutos, que en nuestro caso son las extraordinarias uvas que nos permitirán hacer grandes vinos.
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